Disciplinas Orientales

Las disciplinas orientales tienen por objeto, lograr el equilibrio entre cuerpo y mente, base esencial para obtener buena salud y armonía entre todos los seres y sus creaciones, cambiando la perspectiva del mundo en el que viven.

Hatha Yoga

En ésta sección se hablará de ésta disciplina desde dos puntos de vista: el oriental (su origen) y el occidental, ya que estamos obligados a someter sus aplicaciones de acuerdo con las aptitudes de cada latitud; por ejemplo un niño Hindú practica Yoga desde los 2 años, en cambio el Occidente su práctica se realiza por una decisión del individuo, cuando se encuentra en estado adulto.

La palabra Yoga significa, búsqueda de nuestro “yo” interior, unión, lazo con la vida contemplativa, yugo.

En función de esto podemos definir que su objetivo básico es crear en sus practicantes una mayor compenetración con entorno inmediato, una percepción más aguzada, gozar de plena salud y experimentar felicidad de vivir en armonía con todo cuanto la rodea. Una de las impresiones centrales que vamos a obtener, a través de su propia práctica es la interdependencia de todas las cosas “internas y externas”, que constituyen en el Universo: Nada puede ser considerado de manera aislada.

Aunque su práctica no implica la adhesión a ningún dogna, su estructura se encuentra basada en la tradición filosófica Hindú de los Vedas, que data de más de 2000 años a.c.

Si bien se dice que existen tantos tipos de Yoga como yoguis que lo practiquen en realidad encontramos tres grupos:

INANA: del conocimiento, de la sabiduría

KARMA: de la acción correcta

BHAKTI: del amor y de la devoción

Luego se adpataron, con el paso del tiempo distintos sistemas que apuntaron a completar el sendero de la auto-realización, entre ellos los populares en Occidente, HATHA Y RAHA Yoga, destinados a fortalecer el cuerpo y la mente respectivamente.

La práctica de esta disciplina en Occidente ha variada lamentablemente de su origen, ya que se ha priorizado el volumen del alumnado (bajo precio y elevada concurrencia), precarizándose de esta manera la atención que el instructor debe brindar a su discípulo, induciendo la realización en masa de todas las asanas sin contemplar individualidades (casos de hipertensión, problemas posturales puntuales, cardiopatías, etc) que pueden llevar a un prejuicio más que a brindar el beneficio al cual se encuentran destinadas, sin contar la incorporación de palos, globos, pelotas, aros y cualquier otro artículo ajeno totalmente a su realidad y que horrorizaría a cualquier maestro digno de su aura.

En esencia esta sección de yoga en grupo o individual (para aquel que tiene conocimientos precios) debe contar primero con la inducción a la concentración, o sea dejar atrás todo lo que no tenga que ver con nuestro momento; una adecuada disciplina respiratoria, pilar fundamental de todo lo proveniente de lo espiritual, Asanas que se adecuén a las características físicas del practicante, saber silenciar los sentidos y poder de esa manera ingresar a la meditación. Su alcance es amplísimo como sus beneficios o sus prejuicios si caemos en manos de inescrupulosos o improvisados. Sepamos elegir de eso depende nuestra permanencia en el camino.

“Cuando los cinco sentidos físicos y la mente alcanzan la quietud, y la razón está en silencio, allí comienza el supremo sendero. Esta firmeza calmada de los sentidos es lo que llamamos Yoga. No podemos construir sus bases si nuestra mente está agitada”

Respiración profunda Conciente

Técnica que apunta a  concientizar el poder de la correcta respiración y su utilización en las distintas prácticas, ya sea, manejo de energías, meditación, control mental, modificar estados de ánimo, calmar dolores  y relajar el cuerpo.

Esta práctica, relativamente nueva para los occidentales, tiene el fin de no sólo enseñar a respirar adecuadamente, sino, a cualificar el oxígeno que ingresa en los pulmones, aportándole energía vital (prana), brindándole a nuestro organismo fuerzas hasta ahora desconocidas por algunos, y una increíble sensación de bienestar e inmunidad ante las enfermedades.

La vida depende completamente del acto de respirar, pero esencialmente de su correcto hábito. Este es automático, involuntario, y su ritmo se , entre otras cosas, a nuestras emociones quitándole  a nuestro cuerpo, de esa manera, gran parte de sus propiedades. Si controlamos inteligentemente la capacidad de respirar, podríamos decir que prolongaríamos no solo nuestro paso por la vida, sino su calidad.

La cantidad de personas civilizadas que respira correctamente es muy reducida (las personas en estado salvaje lo hacen naturalmente), y su consecuencia se demuestra en los pechos contraídos y el alarmante incremento de las enfermedades de los órganos respiratorios. Algunos especialistas afirmaron que una generación de respiradores normales podría regenerar la raza humana, y esas enfermedades serían tan raras de encontrar que se considerarían una curiosidad.

Las teorías occidentales demuestran que la salud del cuerpo depende estrictamente de una respiración correcta. Los maestros orientales no solo coinciden con esta opinión, sino que además afirman que aparte del beneficio físico que se obtiene con su habitualidad, el poder mental del ser humano, su felicidad, su dominio de sí, su claridad intelectual, su vida interior incluso su crecimiento espiritual pueden fortalecerse con el manejo del arte de la respiración.

Muchas escuelas de filosofía se han fundado sobre este arte. La teoría oriental anudada a la practicidad occidental puede brindar grandes frutos.

Con este conocimiento se propone, no solo saber acerca de los efectos fisiológicos de una correcta respiración, sino de los efectos que el prana ejerce sobre el cuerpo y la mente humana. Saber que una respiración rítmica puede ponernos en armonía con la naturaleza, contribuir al desarrollo de nuestras capacidades potenciales, y controlándola podemos curarnos a nosotros mismos y a otros, además de liberarnos del miedo, de las preocupaciones, del tan nocivo estrés, y de las emociones inferiores.

Meditación: el silencio de los sentidos

Distintos técnicas como Meditación Zen, Mahayana, Raja Yoga, que favorecen, de acuerdo a la personalidad del individuo, el encuentro con su interno y comunión con el Universo mismo.

El silencio de los sentidos

En la edad  media los monjes hesicasistas de la Fé ortodoxa griega, debido al alto grado de desconcentración de sus practicantes, “diseñaron” un sistema de meditación basado en la respiración, que apuntaba a una mayor concentración en la intención de sus oraciones. En estas prácticas de meditación los monjes deseaban hallarse en posesión de todo lo relacionado a su cuerpo, o sea que nada referente con su naturaleza debía estar libre de experiencia propia. Por ese motivo su cuerpo debía experimentar junto con su mente y su espíritu. De esta manera se estimulaba cada arte de su cuerpo, contactándose con cada célula, estimulándola, sintiéndola, percibiendo todo lo que tiene para informar para luego, fácilmente poder acallarlo, quedando solamente la percepción para recibir todo lo inherente a las vivencias de origen espiritual.

Esta disciplina necesitó un siglo para su perfeccionamiento, y requiere para su práctica, en especial a aquel que nunca ha educado su concentración ni su respiración, suma dedicación, aumento progresivo del tiempo de práctica, ya que se debe evitar una lógica hiperventilación, al estar desacostumbrados por nuestro ritmo de vida a una correcta respiración.